La sabiduría del destino

se acabó el amor
Princesas por derecho propio

Tanto tiempo soñando con que el destino te acercara a mi, a que me brindara la oportunidad de encontrarme contigo de forma inesperada, con un encuentro mágico donde las pupilas mostraran lo que la por la boca no se atreve a salir…

Soñando para nada. Cuando no lo esperaba, cuando no lo buscaba, cuando no lo ansiaba, has aparecido.

Ha sido tarde, tu presencia ya no pone nerviosa a mi cuerpo, tu mirada ya no penetra mi alma. En mi vida ya no hay sitio para ti. Por eso fue ayer, y no antes, cuando el destino nos cruzó ayer. Para evitar que sufriera. Qué sabio es.

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Lo llaman amistad…

decepción de una amiga
Princesas por derecho propio

Dícese de ella que es el ”afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”.

Puede que sea una definición demasiado grande convirtiéndola en una de esas palabras que mitificamos.

No sé si será la lluvia o viejos recuerdos, el caso es que hoy Amistad me ha visitado esta palabra. “¿Estás segura que me usas con las personas adecuadas. No sé si X se merece mi nombre, ¿tú que crees?”.
Y tras escribir esas palabras en mi mente, se ha ido dejándome dubitativa, triste, vacía…

Y preguntándome sobre ella, sobre cuales son los parámetros de la amistad, me he encontrado con una frase que May me había dejado en el facebook: ”La amistad es un cúmulo de intereses. Es triste pero cierto, créeme” .

A veces he tenido esa dolorosa sensación, cuando alguien sólo te llama para pedir pero no para ofrecer, para hablar pero nunca para escuchar…Pero, ¿y si estoy siendo demasiado exigente?. ¿Y si a los amigos no se les debe pedir ni juzgar como dicen también por ahí?…

“La vida está llena de esos chascos producidos por aquellos que consideras amigos y no lo son… E fin qué remedio cuánto antes te los quites de encima mejor, menos lastre…” me ha comentado Vanessa.

¿Por qué será que las decepciones amistosas duelen más que las amorosas?.¿Por qué es más complicado perdonar a un amigo que a un amante?.

“Porque por algo soy una de las palabras más bonitas” me ha susurrado cómplice Amistad, saliendo de mi cabeza para instalarse en mi alma…exponiéndome al dolor de la decepción, de nuevo.

Porque mirarte me hace daño…

poner fin a una obsesión amorosa
Princesas por derecho propio

Por eso quiero borrarte de mi vida, olvidar el día que te encontré  (¿o fuiste tú el que me encontraste?, qué más da ya); olvidar la aceleración de mis latidos cada vez que sonaba el teléfono de madrugada; olvidar la sonrisa que se dibujaba en mi cara cuando un mail tuyo me llegaba; olvidar el temblor que recorría mi cuerpo cuando el tuyo me rozaba. Olvidar la forma en la que me penetrabas con la mirada.

Porque mirarte me hace daño; porque me recuerda lo peor de mi; porque me enfrenta a mis miedos; porque me llena de inseguridades; porque tu presencia desvanece la mía. Porque siempre ganas, porque siempre pierdo.

El despertar de Sara: adiós a la anorexia

superar la anorexia
Princesas por derecho propio

El día que despiertas marca un antes y un después.
Sara lo sabe. Durante tres años estuvo alimentándose con un tomate al día.

Compartíamos clases de aeróbic y cuando que la veía en el gimnasio no podía entender cómo su cada vez más esquelético cuerpo aguantaba ese ritmo, de dónde sacaba las fuerzas; supongo que cada organismo es un mundo.

Sara, una chica muy guapa, perdía kilos a la par que belleza: su rubia cabellera se quedaba sin brillo; su hasta entonces perfecta piel cada día era más translucida;  sus uñas estaban desapareciendo….

Ella me decía que se veía gorda, que tenía muchas caderas…¿En qué espejo se miraba?. No había manera de hacerla entrar en razón, de que se reflejara en el mismo cristal con el que nosotras la veíamos.

Pasó de 56 kilos a 35. Su madre, una eterna peterpanesca obsesionada con la belleza, tampoco era de mucha ayuda.

Al menos Sara había sido capaz de dejar a su novio, un tirillas que como no podía levantarla en brazos empezó a martirizarla diciéndole “gorda”. Un  esbirro que después de Sara, malquerió de la misma forma a su siguiente pareja: volvió a convertir a una chica guapa y jovial en un triste esqueleto andante.

Pero Sara despertó. No sabe por qué fue en ese momento y no en otro.
El día de antes fue uno de los tantos en los que se negó a venir a una comida de amigas para comer en secreto su tomate. Sí, un tomate es todo lo que ingería cada día.

Solo una frase, y qué frase, recuerdo de esa tarde: “quiero volver a tener menstruación porque un día deseo ser madre”. Quería recuperar la menstruación.

A partir de entonces volvió a disfrutar de la vida, a ser igual de bella que antes, a sentirse como una princesa, como la que todas las mujeres merecemos ser. Hasta hoy. De eso hace 12 años.

Ese despertar por uno mismo, aquí no valen las personas-alarmas, no se sabe cuando aparecerá pero lo hará trayendo consigo la luz hasta entonces perdida.