Aléjate de ella o te arrastrará

En su momento, esta frase le pareció una exageración. Sabía que Carmelo se lo decía por su bien, porque no quería que se sumiera en la misma profunda tristeza que Marta, pero creía que no era para tanto. Era cierto que por aquel entonces, cuando la conoció Marta estaba pasando por una depresión. No se sentía valorada en el trabajo, el chico que le gustaba no le hacía caso…Veía el mundo pintado de negro.

Ahora, 13 años después, entiende lo que Carmelo le quería expresar. Quería evitar que también ella cayera en el pesimismo permanente.

Marta es una gran mujer. Perdió a su padre de adolescente y no ha conseguido superarlo. De hecho le llegó a confesar que a veces deseaba que sus amigas pasaran por lo mismo para que la entendieran.

Sucedía lo mismo en el aspecto sentimental. No había tenido suerte con las parejas. O tal vez, ellos no quisieron/supieron estar al lado de una persona que de cada 100 días tenía 5 buenos. También le llegó a reconocer que sentía envidia de sus amigas, que ojalá el novio les dejara.

Ella lo escuchaba intentando no juzgarla ni enfadarse con Marta. No sentirse culpable por tener padre y pareja.

La salud tampoco le acompañaba. Constantes migrañas, problemas de tensión e incluso de corazón eran frecuentes en ella.

A pesar de todo, de ese pesimismo que transmitía, quería a Marta. Era su amiga.

Pero lo cierto, es que cuando ella también tuvo problemas, cuando hubo de enfrentarse a la enfermedad de su madre, al dolor de un aborto…No habló con Marta. La rehuyó. Sabía que Marta le diría que lo sentía pero cinco minutos después empezaría a hablar de sus problemas. Comprensible, porque cada cual tiene sus preocupaciones pero no tenía fuerzas para ello. Y en el fondo, empezó a pensar si Marta, inconscientemente, se alegraría de sus penas.

Por eso, cuando tenía una buena noticia que gritar a los cuatro vientos tampoco se la contó a ella. Le sabía mal pero no quería que nadie le amargase ese estado de plenitud en el que vivía.

Tal vez fuera egoísta pero empezó a hacer suya la frase de Carmelo. Tenía que guardar distancias para evitar vivir sintiendo cada segundo que la vida es injusta, que es una mierda.

Anuncios

2015, año de logros

DSC04371 Necesitaba respirar. Llorar. Vaciarse. Expulsar todo el dolor y la tristeza que inundaba su alma. Solo así podría dejar espacio para nuevos sentimientos, porque si no liberas de espacio tu corazón es imposible que puedas albergar nuevas emociones.

Por eso, no afrontaba el nuevo año con una lista llena de propósitos que iba a intentar cumplir. No, este año no. El 2015 lo iniciaba con una hoja que contenía los logros que iba a conseguir.

Porque para lograr algo hay que, realmente, hacer todo lo posible para obtenerlo. Porque siempre se puede hacer más. Porque siempre somos más fuertes de lo que pensamos. Porque siempre hay más caminos que los que nos empeñamos en recorrer una y otra vez. Porque si no lo haces tú, nadie lo va a hacer por ti. Porque si no puedes con todo has de aprender a pedir ayuda. Porque si no quieres algo en tu vida has de empezar a decir “no”. Porque sólo depende de ti rodearte de la gente que quieres. Porque si tienes una meta, no vas a llegar a ella sentada en tu sofá, ni lamentándote de tu mala suerte. Porque no has de ahogarte preguntándote por qué te ha pasado algo, si no reflexionado sobre qué puedes sacar de ello.

Porque, por obvio que sea, la vida son dos días. Por eso, los 365 días que tiene por delante no van a ser días de “intentar” algo. No. Eso quedo atrás. 2015 es el año de los logros.

Brindemos por ello.

Gracias por ser, por estar

Ya no se imAmistadagina la vida sin ella.

Sin sus conversaciones; sin su alegría; sin su sinceridad; sin su claridad al exponer lo qué piensa; sin su buen hacer; sin su disposición; sin su honestidad; sin su fuerza; sin su apoyo; sin su ayuda; sin su sonrisa; sin su comprensión; sin su humanidad; sin su confianza ciega en ella; sin su entusiasmo; sin su energía; sin su valentía; sin su descaro; sin su sensibilidad; sin su alegría; sin su sociabilidad; sin su intelecto; sin su carisma; sin su oratoria; sin su amabilidad; sin su generosidad; sin su positivismo; sin su energía…

En definitiva, sin ella

Por eso al 2015 le pide que ella, su amiga, siga siendo como es y siga estando en su vida. Gracias.

Miradas que hacen volar

Blueberry pancakes
Princesas por derecho propio

No son las magadalenas de Proust,  pero no puede evitar asociar los blueberry pancakes con James.

Lo conoció hace dos años, cuando Ana empezó a trabajar en Toronto. No era su primer destino internacional (estuvo varios años en Nueva York) pero sí la primera vez que estaba en Canadá.

Recuerda entrar en la oficina (me pide que no desvele cuál, sólo estoy autorizada para decir que pertenece a una fuerza del orden) y cruzarse con su mirada. Imposible no fijarse en ella, tan directa y profunda.

James no era el más guapo del equipo, sin duda Matthew y su cara de niño era el preferido de las féminas, pero sí el que mejor cuerpo tenía.

No hacía falta ser muy perspicaz para intuir que eran varias las horas que pasaba en el gimnasio. Pero como decía, no fue su musculado torso, si no sus ojos los que le provocaron un hormigueo por todo el cuerpo.

Ana llegó a Canadá con un mantra: trabajar, trabajar y trabajar. Por ella y por no defraudar a quién la había recomendado. Le había costado mucho ganarse el respeto de compañeros y jefes. El ser extranjera de primeras siempre era un handicap. Por eso, cuando James la penetró con la mirada supo que no iba a ser fácil el día a día.

Empezaron a compartir tareas, a pasar muchas horas juntos, a confiar el uno en el otro (no queda otra cuando tu vida puede depender de un compañero, y viceversa). Mantenía la distancia. Ambos lo hacían. James era un seductor nato pero nunca con compañeras. El ambiente de trabajo era demasiado duro e intenso como para pensar en sexo.

Distinto era cuando llegaba a casa. James la tenía en mente mientras se bañaba, se afeitaba…Notaba que el camino al trabajo lo recorría con una sonrisa pensando en que al llegar iba a ver a la atractiva española.

Todo ello se lo confesó a Ana una mañana, cuando fueron a desayunar. Entre pancakes le habló de esa primera vez que se vieron, cómo él se quedó impactado con la mezcla de seguridad y sensualidad de Ana.

Ana a penas probaba bocado. El calor le recorría el cuerpo. James hablaba y Ana soñaba. A partir de ese día empezaron a compartir cama, ducha…y cada instante en el que podían rozarse.

Fueron unos meses intensos pero con fecha de caducidad. Cuando a Ana en una rutinaria revisión médica le dijeron que tenía cáncer terminal presentó la dimisión. Se lo comunicó a su superior. Ni a sus compañeros ni por supuesto a James. No quiso que la recordase de otra forma distinta a aquella Ana sensual y segura.

Feliz 2014

Feliz 2014
Princesas por derecho propio

Hace mucho que no escribo, que no plasmo historias de princesas reales, de mujeres que me cuentan sus temores, anhelos y/0 deseos. No he tenido tiempo. Miento, no he tenido ganas. Siempre se encuentra tiempo cuando realmente se quiere realizar algo, se exprime un poco de aquí, se alarga un poco de allá, se suprime aquello y se prioriza esto. Es cuestión de eso, de prioridades.

Pero toca hacer balance de año, examinar el corazón propio y no sólo los ajenos. Y cuesta. Claro que cuesta. No es fácil escarbar dentro de una misma. Duele reconocer sentimientos de los que no se está del todo orgullosa.

 

 

En ello ando.

Mientras tanto, FELIZ 2014, princesas.

 

Cuando lo platónico deja de serlo

DSC06999
Princesas por derecho propio

Asegura que no tiene problemas en que lo cuente pero me pide que si lo hago, por favor, utilice seudónimos. Y como me resisto a no narrarla, así será.

A pesar de que a lo largo de los años, y debido a su profesión, Ana (pongamos que se llama así) ha conocido a grandes personalidades del mundo de la música, la moda, el cine, la literatura, la política…nunca le había pasado algo así.

Es cierto que en más de una ocasión le había atraído alguno de ellos (a algunos los seguía antes de entrevistarlos y a otros después, precisamente gracias a la conexión surgida) pero nunca, o eso me cuenta ella, se había dejado seducir por los cantos de sirena que alguna vez le lanzaron. Para ella no eran chicos/hombres guapos que jugaban al arte de la seducción con ella (tal vez porque les gustara, tal vez para conseguir una mejor entrevista), para Ana eran simplemente entrevistados. Era su trabajo. Punto final.

Por eso, aunque sabía que aquella tarde iba a conocer a uno de esos hombres tendentes a quitar el hipo, estaba tranquila. A Mario (pongamos que se llama así) lo había visto en los últimos años en varias series y películas. No era una fan, no sabía enumerar todos sus trabajos ni conocía de cabo a rabo su vida, pero sabía quien era y, para no mentir, había visto miles de fotos suyas.

Todo transcurría con normalidad. Iba entrevistando a varios actores, al director…y llegó el momento de que la productora le dijera que podía hablar con los protagonistas. Tenía diez minutos para hablar con Mario y Paula (pongamos que se llama así).  Ana quedó encantada desde el primer momento. Con ambos.  A pesar de los premios cosechados en su carrera, de su elegancia, de su belleza…Paula era la sencillez personificada. Y él …lo mismo. Muy guapo pero muy cercano. No era como otros, que a la primera de cambio le soltaban un piropo, pero saltó la chispa. El primer contacto visual entre ellos fue mágico.

La entrevista acabó en el tiempo marcado. Paula y Mario comentaron que no conocían demasiado la ciudad en la que estaban y Ana les recomendó un par de sitios para cenar. Me cuenta Ana que recuerda perfectamente ese momento: Cuando Mario me preguntó ‘Oye, ¿y si nos acompañas?, ¿te apetece?’, intenté evitar que se me notara que me estaba derritiendo por dentro, que me parecía estar en una nube, por eso contesté que sí, pero lo hice mirando a Paula primero. Solo recordando su mirada en ese momento me estremezco entera”.

Quedaron en que ella les esperaría en una cafetería cercana hasta que acabaran la promoción de la película. Ana les dio su teléfono (se lo apuntó a Paula) por si cambiaban de parecer. Durante la espera, Ana intentó concentrarse en su trabajo, en transcribir la entrevista que les acababa de hacer, en seleccionar los mejores cortes de voz….Pero lo cierto, es que la sonrisa de Mario se le aparecía sin parar.  Y en esas estaba cuando le llegó un mensaje.

CONTINUARÁ

Y volvió a llegar

DSC07126
Princesas por derecho propio

No podía evitarlo.

Se había prometido a si misma que no le condicionaría, que no cambiaría su humor, su actitud pero cuando, una vez más, con una puntualidad británica le bajó la regla falló a su promesa y rompió a llorar.

En ese río salado se ahogaban sus esperanzas de ser madre, naufragaba su deseo de engendrar una vida. Más que deseo era necesidad.

 

Puede que ese fuera el problema, se había obsesionado: tomaba pastillas (y le recordaba insistentemente a su pareja hacer lo propio) que le mandó la ginecóloga para “ayudar” al proceso, calculaba sus días fértiles y los convertía en un maratón sexual donde no importaba ni la pasión, ni el deseo ni las ganas. Solo el acto, mecánico, obsesivo: no, “ponte tú encima que es mejor”, “levántame las piernas”, “déjame la almohada que me la ponga para alzarme”, “no no me puedo levantar de la cama en las próximas dos horas”…

Se enjuaga las lágrimas y se promete, de nuevo, no pensar en ello. Dejar de contar los días en el calendario y volver a disfrutar del sexo. Sabe que le costará cumplir su cometido pero Ana es luchadora. Siempre lo ha sido, ahora no va a ser menos.

Entre idas y venidas

destino y amor
Princesas por derecho propio

-¿Tienes pareja?

-….

-Eso es que sí, ¿no?

Marcos temía la respuesta de Laura. Después de tantos años jugando al ratón y al gato, por fin estaban compartiendo mesa y mantel.  El jueves se encontraron por casualidad: uno miraba libros en un escaparate; la otra salía del cine. Destino o casualidad, lo cierto es que ahí estaban, la una frente al otro. Ambos sorprendidos de verse,  los dos con las pupilas dilatadas y el cuerpo ardiendo. Seguían atrayéndose como el primer día. Como aquel 2 de febrero cuando sus vidas se cruzaron por primera vez, de casualidad, como anoche.

 

Ninguno de los dos se atrevía a preguntarlo. Hasta ahora nunca habían ido más allá de miradas penetrantes, intercambio de sonrisas y mensajes nocturnos.  Siempre uno de lo dos había tenido pareja y el otro siempre respeto eso.

El jueves, al ver Marcos que Laura salía sola del cine, decidió dar el paso, y once años después de aquel primer encuentro, estaban cenando juntos. Que qué tal te va el trabajo, que dónde has pasado las vacaciones…Lo genérico de las preguntas no impedía que la tensión impregnara el ambiente.  Apenas probaban bocado. Les sobraba con mirarse.

Fue de nuevo Marcos el que se lanzó. Cuando, tras confesarle su soltería, al preguntar a Laura si tenía pareja, no escuchó el “no”, temió lo peor: que una vez más sus momentos vitales no coincidiesen.

-¿No contestas?, ¿a qué viene el misterio?

-No es misterio.

-Entonces no lo entiendo.

-No sé si decirte la verdad.

-Pues sería lo suyo, ¿no crees?

-Tengo miedo.

-¿Miedo?

-Sí.

-Me estás volviendo loco. ¿Miedo por qué?

-Porque esta vez no hay excusas. Porque he soñado años contigo, me he imagino en cien mil circunstancias, lugares y posturas a tu lado pero sabía que eran fantasía. Siempre he sabido que teníamos diferentes aficiones, maneras de vivir diversas…pero también era consciente de que si me besabas no iba a poder rechazarte, tuviera o no pareja. Aunque lo deseaba, evité tus esporádicos acercamientos porque si me decías “ven” iba a ir sin pensar en las consecuencias. Y eso asusta y claro….

Marcos no le dejó seguir hablando. La besó con toda la intensidad que pudo, con todas las ganas acumuladas estos años, con los nervios de la primera vez, con la tranquilidad de saber que todo iba a ir bien. Él siempre lo supo: si ella le hubiera dicho “ven”, habría ido.

Puede que hayan perdido el tiempo no atreviéndose a apostar el uno por el otro o puede que no fuera su momento, que si hubieran dado el paso antes la cosa no hubiera funcionado. ¿Quién puede saberlo? ¿Importa ahora?.

No me digas tu nombre

historia de amor
Princesas por derecho propio

“¿Por qué tiene que haberme dicho su nombre?” se pregunta Natalia.

Desde hace un tiempo coinciden cada mañana.  Se saludan y cruzan intensas miradas cuando a primera hora de la jornada sacan a pasear a Luca y Danko, sus respectivos perros.

Últimamente también se encuentran al atardecer. En ocasiones solos y otras veces con sus parejas.

Natalia es lo primero que mira cuando saca a pasear a Danko, busca a ese hombre misterioso. A esa persona que le revoluciona el cuerpo, que le excita desde lejos. Por eso, ella se arregla cuando va con Danko. Si un día sale más descuidada y se da cuenta que él está, Danko paga las consecuencias: corriendo de vuelta a casa.

Le gustaba ese juego inocente, donde solo las miradas mostraban las cartas. No sabían nada uno del otro. Hasta hoy. Cuando Stephan, que así se llama él, ha iniciado la conversación con ella. Tras el rutinario intercambio de holas, se ha acercado a preguntarle el nombre de su perro:

S: ¿Cómo se llama?

N: Danko

S:..ah…¿y tú?

N: Natalia

S: Yo Stephan

Solo recordar la breve conversación hace que Natalia se excite. No por las palabras sino por el paso dado. Por eso, aunque se moría de ganas por estar cerca de él, cuando Stephan le dijo su nombre, ella le respondió con un “encantada, me tengo que ir”.

Sabe que ha sido cortante, que ella le estaría maldiciendo si la situación hubiera sido a la inversa pero así es Natalia. Le gusta jugar pero solo si ella controla la baraja. Sabe que la atracción es fuerte y le da miedo avanzar, no quiere engañar a su pareja. Disfrutaba con sus encuentros, con el misterio…Le dijo su nombre. Para ella, se acabó el juego. Game over.

De Ally McBeal a Aitana Sánchez-Gijón

DSC05944Conociéndola no me extrañó el wassap que recibí de Maika de madrugada.          

Siempre ha sido bastante dramática, intensificando sus deseos y frustraciones hasta límites insospechados.A sus 35 años siente que el reloj biológico se ha despertado en ella. No sabe cuál fue el detonante pero lo cierto es que quiere ser madre. Y lo quiere, como todo en su vida, ya.

Desde hace un par de meses ve bebés en todas partes. No llega a verse bailando con uno como Ally McBeal pero casi.

Si hasta hace unas semanas solo se fijaba en lo molestos que podían ser, ahora solo ve sus carantoñas.

Maika está decidida a ser madre. Pero tras dos meses intentándolo, no lo consigue. Por mucho que lea que quedarse embarazada puede no ser tan instantáneo, ha empezado a obsesionarse. Dice que se siente como Aitana Sánchez-Gijón, en “Yerma”, la película de Pila Távora basada en la obra de Federico García Lorca.

Puede que el deseo maternal se le pase en unas semanas, como tantos otros de sus intensos y repentinos anhelos, pero lo cierto es que Maika, que siempre había tenido una vida perfecta, empieza a pensar que puede que esta vez no vaya a obtener lo que desea.

Lo cierto es que no sé si lo que realmente le frustra es poder ser infértil o no salirse con la suya.